DESPEDIDAS Marzo 28, 2007
Posted by juliarubio in Blogroll.trackback
Días de próximos adioses, deseados, inesperados, temidos, todos con el sabor agridulce de “las cosas que no arrastra el equipaje”. Me gusta mucho este poema de Ángles Mora, creo que es oportuno y quiero que sea un regalo para todos los que se van, sobre todo para el alma y la mente de nuestro “Albatros”, para nuestro “Cálamo”. Te deseo lo mejor y espero que no nos abandones del todo.
ELEGÍA Y POSTAL
No es fácil cambiar de casa,
de costumbres, de amigos,
de lunes, de balcón.
Pequeños ritos que nos fueron
haciendo como somos, nuestra vieja
taberna, cerveza
para dos.
Hay cosas que no arrastra el equipaje:
el cielo que levanta una persiana,
el olor a tabaco de un deseo,
los caminos trillados de nuestro corazón.
No es fácil deshacer las maletas un día
en otra lluvia,
cambiar sin más de luna,
de niebla, de periódico, de voces,
de acensor.
Y salir a una calle que nunca has presentido,
con otros gorriones que ya
no te preguntan, otros gatos
que no saben tu nombre, otros besos
que no te ven venir.
No, no es fácil cambiar ahora de llaves.
Y mucho menos fácil,
ya sabes,
cambiar de amor.
Nace mi participación en este espacio tan vuestro de mi admiración por vosotros, capaces de asimilar y rezumar literatura y arte en cada una de vuestras palabras, de vuestros gestos, creedme.
“Mi patria es el lugar donde mi espíritu apacienta” y después de unos años apacentando junto a vosotros (aunque quizá ese verbo no sea el mejor para reflejar mi alocado carácter) tan mía sentía esa “patria” que se me hace muy, pero que muy duro esto de decir adiós.
Gracias a todos y cada uno. A los que leerán esto en la fría pantalla de un ordenador y los que os lo diré mirándoos a los ojos justo antes de echarme a llorar, como siempre.
Gracias a los que habéis hecho que el Celso sea mi mejor universidad, mi mejor escuela de la vida, mi segunda casa.
Gracias, en fin, por “ahumar el avispero de mi mente” tantas, tantas veces.
N…M..
Jr, te agradezco mucho el poema de Ángeles Mora sobre la dificultad de la despedida. Admitamos que todo es esencialmente paradójico: mientras yo parto, tú sientas plaza…, o bien eres tú la que partes y yo el que siento plaza. Todo es uno y su inverso. En caso de galimatías, recurrir a los clásicos; San Agustín, por ejemplo: “No es, pues, un extraño fenómeno querer en parte y en parte no querer“. Aunque luego, pecador que es uno: “Es una enfermedad del alma, que no se eleva totalmente a las alturas cuando es elevada por la verdad, oprimida como está por el peso de la costumbre. Hay por tanto en nosotros dos voluntades. Ninguna de ellas es total, teniendo la una la que le falta a la otra“. Pues eso, debe de ser el peso de la costumbre lo que me tiene como un albatros bobo, incapaz de alzar el vuelo, girando en círculo sobre el mastil señero, añorante acaso de la mugre de la cubierta.