DESPEDIDAS Marzo 28, 2007
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Días de próximos adioses, deseados, inesperados, temidos, todos con el sabor agridulce de “las cosas que no arrastra el equipaje”. Me gusta mucho este poema de Ángles Mora, creo que es oportuno y quiero que sea un regalo para todos los que se van, sobre todo para el alma y la mente de nuestro “Albatros”, para nuestro “Cálamo”. Te deseo lo mejor y espero que no nos abandones del todo.
ELEGÍA Y POSTAL
No es fácil cambiar de casa,
de costumbres, de amigos,
de lunes, de balcón.
Pequeños ritos que nos fueron
haciendo como somos, nuestra vieja
taberna, cerveza
para dos.
Hay cosas que no arrastra el equipaje:
el cielo que levanta una persiana,
el olor a tabaco de un deseo,
los caminos trillados de nuestro corazón.
No es fácil deshacer las maletas un día
en otra lluvia,
cambiar sin más de luna,
de niebla, de periódico, de voces,
de acensor.
Y salir a una calle que nunca has presentido,
con otros gorriones que ya
no te preguntan, otros gatos
que no saben tu nombre, otros besos
que no te ven venir.
No, no es fácil cambiar ahora de llaves.
Y mucho menos fácil,
ya sabes,
cambiar de amor.
Los peces de la amargura Marzo 2, 2007
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Parece que hemos bajado nuestro entusiasmo por el club de lectura y que nuestro “albatros” ha detenido su vuelo. Si es así, el libro propuesto en esta ocasión, “Los peces de la amargura” de Fernando Aramburu, puede devolvernos las ganas de leer y comentar porque aborda un tema de plena actualidad y lo hace con un formato muy agradable y sencillo.
Se trata de un libro de diez breves relatos sobre el tema de la violencia en el País Vasco, pero centrado en los padecimientos diarios de muchas víctimas. Éstas aparecen como seres olvidados, traumatizados, aislados por sus propios vecinos, e incluso considerados culpables y responsables de sus desdichas.
Las palabras claves son “amargura”, que ya aparece en el título y en el primero de los relatos y “triste”. Desde ellas se hace una reflexión sobre la sociedad vasca. Amarga y triste es una sociedad atenazada por el miedo a ETA, donde nadie quiere significarse y todos pretenden vivir una vida normal cuando el trasfondo dista mucho de serlo. Amarga y triste porque la mayoría mira para otro lado y “no se mete en política” a no ser que les toque la mala suerte de sufrir un atentado por azar, sin comprender que todos son víctimas en potencia. Amarga y triste porque aquellos que destrozan vidas ajenas e incluso a veces la suya propia por una utopía nacionalista son homenajeados por sacrificarse por la patria vasca.
El autor lleva años viviendo en Alemania. Allí habrá conocido sin duda, una sociedad marcada por la culpa colectiva de un pasado trágico. Me pregunto cuando va a empezar a pasar todo esto en el País Vasco, cuando va a haber una reflexión sobre la amargura con la que se ha obligado a vivir a tantas personas durante tanto tiempo.